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Mapa del Ciudad Vaticano |
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El Vaticano
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La Historia de Los PapasEl Papa es la cabeza de la Iglesia Católica Apostólica Romana y jefe del Estado Vaticano. Es el obispo de Roma, y entre sus títulos se cuenta el de Sumo Pontífice (del latín súmmum póntifex, 'máximo constructor de puentes'), tomado de los emperadores romanos. La palabra papa proviene del latín papas y éste del griego (páppas), que es una forma cariñosa de decir 'padre'. El evangelio refleja la voluntad de Jesucristo de que sus discípulos permanecieran unidos bajo la dirección de Pedro, a quien Jesucristo dio ese nombre en un momento solemne, llevando a sus apóstoles a una ciudad edificada junto a una roca, Cesarea de Filipo: "Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra, Yo edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no prevalecerá contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra será también desatado en los cielos" (evangelio de Mateo, 16, 13-20). Los apóstoles elegidos por Jesús como principales responsables de extender su mensaje "hasta el final de los tiempos" (Mateo 28,20), se reunieron, a petición de Pablo (quien ya después de su conversión al cristianismo había acudido a presentarse ante Pedro y los demás apóstoles), en Jerusalén, para solventar los primeros problemas graves surgidos acerca de las relaciones entre el cristianismo y la ley mosaica (Hechos de los Apóstoles, 15). El gobierno jerárquico de la Iglesia católica se basará en adelante en la autoridad de los sucesores de los apóstoles, llamados obispos, reunidos en concilio bajo la autoridad del primero de los obispos. Éste es el obispo de Roma, llamado Papa, porque tanto Pedro (que primero se trasladó de Jerusalén a Antioquía de Siria) como Pablo murieron en Roma, y por tanto la iglesia de esa ciudad fue reconocida como cabeza de las demás. Para el caso de Pablo, además del testimonio de sus cartas desde la prisión romana, existen testimonios arqueológicos y escritos de su martirio en Roma. Más importante es el caso de Pedro, a quien propiamente se considera que suceden los 263 papas que después de él han regido la Iglesia católica. Las excavaciones arqueológicas realizadas en la segunda mitad del siglo XX bajo el altar mayor de la Basílica de San Pedro de Roma probaron que la tumba principal allí contenida, junto a varias inscripciones con el nombre "Petrus", contiene restos del siglo I. Existen además numerosos testimonios escritos. Los dos más importantes son: La carta de Clemente Romano (tercer sucesor de Pedro), dirigida hacia el año 98 a los fieles de Corinto. En ella menciona el martirio de Pedro en Roma hacia el año 64, y el de Pablo. El hecho de que se dirija con autoridad a una Iglesia lejana (griega) deja claro que los cristianos reconocían la autoridad del sucesor de Pedro. Veinte años más tarde (hacia el 117), el obispo Ignacio de Antioquía (Iglesia que también había sido presidida por Pedro), escribió siete cartas a sus fieles mientras viajaba como condenado a muerte hacia Roma. En una de ellas pide a los cristianos romanos que no intercedan por su liberación, pero aclarando que "Yo no os mando como Pedro y Pablo". Además de un testimonio del martirio romano de los dos principales apóstoles, lo es a la vez de la sumisión de las demás iglesias a la de Roma. El Evangelio de Juan, redactado a fines del siglo I, cuando Pedro ya había muerto, no señala el lugar de su martirio, pero alude claramente a la muerte de Pedro por el martirio, y sabe evidentemente que fue ejecutado en la cruz (Juan 21). Que el lugar es Roma puede deducirse por los versículos finales de la primera carta de Pedro, que dice estar escrita en "Babilonia". La identificación entre Babilonia y Roma aparece en el Apocalipsis de Juan (14, 8; 16) y en la literatura judía apocalíptica y rabínica. Otro documento cristiano, la "Ascensión de Isaías", redactado hacia el año 100, habla en estilo profético (documentando en realidad algo ocurrido en el pasado) de que uno de los doce apóstoles será entregado en manos de "Beliar, el asesino de su madre" (Nerón). El "Apocalipsis de Pedro", datable también a principios del siglo II, muestra también conocer el martirio de Pedro en Roma, al dirigirle esta frase: "Mira, Pedro, a ti te lo he revelado y expuesto todo. Marcha, pues, a la ciudad de la prostitución, y bebe el cáliz que yo te he anunciado". Los testimonios sobre la muerte de Pedro en Roma continúan en oriente, con el obispo Dionisio de Corinto (180 d. C.); en occidente, con Ireneo de Lyon (muerto en el 208, discípulo de Policarpo, que a su vez había sido discípulo del apóstol Juan), y en Africa, por Tertuliano (muerto en el 220). Aún es más importante el hecho de que no haya iglesia cristiana que pretenda para sí esta tradición ni se levante una voz contemporánea que la combata o ponga en duda. Puede verse al respecto: Hubert Jedin, "Manual de Historia de la Iglesia", Herder, Barcelona 1980, tomo I, pp. 186-188.
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